Así trabajamos

El juego es siempre una cuestión de contexto. No es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos.
Nos permite reinterpretar la realidad y producir algo nuevo, y evita que permanezcamos rígidos.

El juego nos posibilita reordenar nuestras capacidades y nuestra identidad para poder usarlas en formas imprevistas.
Tanto en el trabajo de clown como en el de bufón y en el de máscaras, nuestra escuela se dedica al arte del juego escénico.

Nuestra pedagogía busca en el cuerpo la precisión del movimiento que permite sumergirse en el placer de jugar.

Para nuestro entrenamiento nos servimos del mundo que nos rodea: la dinámica de las pasiones, de los colores, de los elementos, de los materiales, de los animales.

A la vez que elaboramos respuestas, intentamos hacernos preguntas, despertar la curiosidad, reaprender a mirar, a escuchar, a tocar. La profundización técnica que vamos desarrollando con los 300 alumnos que acuden semanalmente a la escuela se va enriqueciendo con una actitud de experimentación permanente por parte de los docentes.

El entrenamiento nos permite entender qué posibilidades expresivas tenemos, cómo nos ubicamos frente a la mirada de los demás y a nuestras propias exigencias.

Es un camino de conocimiento sobre uno mismo que trae implícito cierto riesgo: poder encontrar el propio rumbo, sin guías preconcebidas por otros o por uno mismo. Sin embargo, las recompensas son muy gratificantes.